Durante el embarazo y el parto los músculos más afectados y a los que debemos prestar especial atención para su posterior recuperación en el puerperio o post-parto son aquellos grupos musculares que forman el denominado suelo pélvico. El aparato urinario, el aparato reproductor y la parte más baja del aparato digestivo están asentados sobre los músculos que forman el suelo pélvico.
El suelo pélvico es un sistema de músculos y ligamentos que cierran el suelo del abdomen manteniendo en su posición correcta y en suspensión la vejiga, el útero y el recto en contra de la fuerza de la gravedad, así como el control de los esfínteres uretral y rectal.
El debilitamiento del mismo provoca uno o varios de los siguientes trastornos: incontinencia urinaria de esfuerzo, prolapsos (caída de los órganos intrabdominales), incontinencia fecal y disfunciones sexuales (menor disfrute de las relaciones sexuales con penetración). Lo debilitan, además de la vida sedentaria, el embarazo y el parto.
La figura muestra los tres diafragmas bajos del suelo pélvico. Los músculos más superficiales se muestran en verde, los del diafragma urogenital en amarillo y el pubococcígeo en rojo.
Este grupo de músculos que se extienden desde el final de la columna vertebral (en la base de la espina dorsal) hasta el hueso púbico, cuando están fuertes mantienen la estabilidad de la columna e incide positivamente en la postura de todo el cuerpo. Conocerlo y mantenerlo tonificado es fundamental para la salud femenina, no solamente durante el embarazo, sino también en los meses posteriores al alumbramiento.
Durante la gestación, tanto el suelo pélvico como la pared abdominal sufren una gran distensión y aumento del peso que soportan, a ello le tenemos que añadir una disminución del tono muscular debido a los cambios hormonales, los cuáles son necesarios para el buen desarrollo del embarazo y que a su vez preparan a la mujer para el parto.
En España en más de un 60% se superan el número de episiotomías establecidas por la Organización Mundial de la Salud. En muchos casos, las secuelas de esta intervención son: infecciones, cicatrices, movimientos dolorosos, pérdidas de orina o problemas en las relaciones sexuales. Por este motivo, los expertos señalan la necesidad de ejercitar los músculos del suelo pélvico para reducir el riesgo de daño perineal y de sufrir una episiotomía.
La episiotomía es una práctica generalizada que se introdujo en las rutinas hospitalarias sin evidencia científica sólida de efectividad. Los estudios clínicos demuestran hoy en día que un desgarro natural siempre cicatriza mejor y con menos dolor que una episiotomía y provoca menos trauma perineal posterior, menos necesidad de sutura y complicaciones.
Sin embargo, debe ser el médico el que valore en cada caso, en la fase de expulsión, si es preferible un desgarro natural o una episiotomía. No obstante, cuanto más tonificados lleguen al parto los músculos del suelo pélvico menos probabilidades habrá de sufrir una episiotomía.
Después del parto es necesario seguir ejercitando el suelo pélvico porque durante el embarazo y el parto se ha distendido y debe recuperarse. De su buena recuperación depende que se evite sufrir incontinencia urinaria, disfunciones sexuales (dolor, anorgasmia, vaginismo, etc.) y prolapsos (uterino, genital o rectal).
Por eso es muy importante no solamente prepararse para el parto sino prestar atención al suelo pélvico después, para evitar disfunciones en el futuro. La ejercitación de este conjunto de músculos después del parto, además de recuperar la zona y evitar disfunciones, también puede mejorar las relaciones sexuales al aumentar la sensibilidad de la zona pélvica, lo que incide una mayor sensación de placer.